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Escritos

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Después de la charla de hoy en Proyectos IV, me gustaría compartir este artículo de Theodore Dalrymple  sobre Le Corbusier.
Se trata de una crítica subjetiva donde el autor compara al arquitecto con personajes como Pol Pot o Lenin, y por supuesto, su arquitectura no es muy defendida.
No quiero decir con esto que defienda las ideas del articulo, pero si, que en muchos casos, el arquitecto suizo se le trata como un dios, como el máximo exponente de la arquitectura de todos los tiempos, y sin considerar que hay aspectos de su arquitectura que fallan, y que incluso pueden llegar a haber “empobrecido” la arquitectura con su afán totalitario.

Solo decir que “os aproveche” el artículo e invitar a un comentario si quedan fuerzas.
Le Corbusier totalitarista:(function() { var scribd = document.createElement(“script”); scribd.type = “text/javascript”; scribd.async = true; scribd.src = “/javascripts/embed_code/inject.js?1300738718”; var s = document.getElementsByTagName(“script”)[0]; s.parentNode.insertBefore(scribd, s); })();

El icono es una respuesta al hombre de hoy en día: Un hombre que ha perdido la identidad, la individualidad real, pasando a ser un androide virtual 2.0. sin realidad, sin sentidos ni sentimientos.



Me gustaria empezar este post con dos frases de Picasso que creo que reflejan exactamente lo que intentaré explicar a continuación: 


“Me llevó cuatro años pintar como Rafael, pero me llevó toda una vida pintar como un niño.”


“Cada niño es un artista. El problema es cómo seguir siendo un artista una vez que hemos crecido.”


Bien, después de esto…explicarme:


Cuando vemos a un niño pequeño, se puede ver la originalidad en estado puro: no existe ningún prejuicio, ninguna referencia, ninguna contaminación de la imaginación. Son capaces de ver otro continente en un parque, un monstruo en unas sombras o diseñar su propia casa con cuatro almohadones y dos sabanas. Toda esta fuerza de imaginación es increible, es arte. Lástima que con el paso del tiempo, sean pocos los que mantengan esa fuerza y esa originalidad. 

Con la carrera de arquitectura veo que pasa algo similar. Seguramente en todas las “artisticas”. Empezamos con unas ánsias de imaginación, de inconformismo, de personalidad muy grande, pero poco a poco nos vemos contaminando. Maduramos con las enseñanzar de Le Corbusier, de Mies, de la actualidad, pero es todo igual. Casas como cajas de zapatos, pilotis, minimalismo, diagramas….

¿Dónde esta la originalidad? Ya avanzado el curso, proyectamos muros de ladrillos, pilares y zapatas. ¿Acaso no hay algo más?

Fuera de lo material pasa de igual manera: ¿Una casa? Pues dormitorios, baños, una cocina y salón. Seguramente asi el infante sea mejor “arquitecto” que nosotros.

Hay algo que debemos cambiar, debemos intentar volver a la originalidad, a la obstracción, cuestionarnos todos los principios que nos han enseñado y empezar a proyectar sin ningún prejuicio inicial.

De esta forma crearemos arte, crearemos arquitectura, crearemos diversidad.

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Estudiamos arquitectura, somos arquitectos. Proyectamos, pensamos… ¿Pero el qué?-
La faceta del arquitecto contemporáneo falla. Le falta algo. Abrimos revistas y encontramos edificios bellos. Pero sigue faltando algo. No es un problema de estética o gusto, eso esta sobradamente conseguido. Quizás sea ese el problema.
Proyectamos y construimos espacios, espacios con un fin. Pero el arquitecto no debería conformarse con ello. Queremos ver la arquitectura como un arte, pero normalmente no es así. Si visitamos una exposición de cualquier arte, la estética importa, pero no es el fin. El fin es el manifiesto que viene detrás, el mensaje.
La gran obra nace de fundamentos. Vivimos en una sociedad que ha cambiado radicalmente: consumista, marcada por la sobreinformación, por las telecomunicaciones, por la tecnología…pero la arquitectura no le acompaña.
Si se puede dibujar con pantallas, láseres, con luz y con información, por qué no proyectamos también con ello. No digo que no exista, pero se echa en falta. Pocos son los arquitectos que escriben sobre la sociedad, sobre los problemas, sobre la manera de vivir. Algunos como Rem Koolhaas, Toyo Ito, o Sanaa han cambiado la forma de ver y entender la sociedad, y sus proyectos lo reflejan. Por ello son buenos, por ello sus proyectos fallarán menos, porque les acompañan un manifiesto.
Así que si queremos entender la arquitectura como arte, esta tiene que ser capaz de transcender, pues como se dice: La arquitectura es el reflejo de una época.

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Después del post de hace unos dias, donde mostraba el video The third and the seventh, me puse a pensar en la carga de las imágenes, de la luz, de los materiales, de la música. Leyendo sobre el autor, en una entrevista, este decía que le fue de gran inspiración el libro “El elogio de la sombra” de Tanazaki. Así que si queria comprender mejor el sentido del video tendría que releer el libro.

El ensayo, corto pero intenso, trata de una reflexión del arte japonés. De la búsqueda del pequeño detalle, de la fuerza de la penumbra y la sombra, de la belleza del paso del tiempo y del desgaste.

Tanazaki, continuamente para apoyar sus argumentos y enlazar sus ideas, se vale de ejemplos, por lo que podemos leer acerca del teatro, de la vestimento, de la mujer y de la arquitectura japonesa.
Pero lo que más me llamó la atención del libro esta vez, no fue una afirmación que escribiese, sino la única pregunta que lanza al lector y la deja abierta en todo el escrito, sin respuesta.

¿Qué hubiera pasado si oriente y occidente se hubieran desarrollado independientemente?. ¿Qué hubiera pasado si a finales del siglo XIX, en la época Meiji, Japón no hubiese implantado las ideas occidentales de América y Europa?, ideas que abarcaban absolutamente todo, desde la política, la reestructuración social, la “modernización” de la economia, el militarismo, las universidades, el sistema de correos, y lo que es más importante, la ciencia junto con la tecnología y la industria occidental.
Así Japón, como ejemplo de país oriental, rechazó toda su cultura, su forma de vivir, de estructurarse, de pensar, de relacionarse y de evolucionar.

Tanazaki pone un ejemplo básico pero totalmente chocante: el estilográfica.
El revolución del estilográfica se basó en la creación de un objeto con punta metálica que segregaba tinta azul. Pues bien, si la invención de la estilográfica hubiese sido oriental, esta claro que el pincel sustituiría a la fría punta metálica, y la vulgar tienta azul hubiera cambiado por una tienta china. Esto hubiese condicionado que el papel tuviera que ser de una mayor calidad, y la caligrafía hubiese sido la sensual caligrafía oriental, con gestos, movimientos, aquella caligrafía que tal importante es el gesto que queda en el papel como el gesto que baila en el aire. Dicha caligrafía hubiera condicionado tambien un lenguaje diferente, por lo tanto hubiera cambiado nuestra forma de hablar, de pensar y de entender. Incluso, la poesia, y con ella el arte hubieran sido diferentes. ¿O es que un haikú no es bello?.
Con esto se demuestra que con una punta metálica y una tinta azul, objetos insignificantes, las repercusiones son infinita.

Así que para terminar, dejar reflexionar sobre lo dicho: ¿Cómo seria el mundo con culturas, ciencias, industria totalmente independientes y diferentes?. ¿Acaso la globalización tiene ventajas? Si es así, esta claro que vivimos en un mundo que tiende hacia la homogeneidad, hacia la repetición, hacia lo unificación, la unificación de la sociedad, del pensamiento, del desarrollo, del arte. (Quizás por ello la religión este hoy en dia tan en conflicto).
Sinceramente, creo que la homogeneidad ha llegado: todos tenemos internes, facebook, en cualquier sitio hay un McDonals, y quién no tiene un móvil o una tele.

¿Es que un europeo, un americano y un oriental no piensan, viven, se relacionan, comen y se viste iguales?

…es lo que tiene le globalización…



La casa sin fin actua como punto de reflexión en un momento donde existen dos maneras de ver el mundo:
La primera es desde el punto determinista: Laplace, capitán defensor de este equipo, anunciaba que cualquier cosa de este mundo se rige bajo leyes. Por ello, todo esta marcado por un sistema, de tal forma que si existiese una inteligencia absoluta, capaz de saber las leyes del universo, seria capaz dicha inteligencia de predecir cualquier momento del futuro, e incluso, entender tambien su pasado.
Acorde con esto, el ser humano, ante su limitada inteligencia, no es capaz de adelantarse al perente, y de aquí nace el estudio del azar y la probabilidad.
Esta idea a prioiri, no suena mal, sin embargo, cuando nos ponemos a profundizar, vemos que falla en varios campos, uno de ellos, nosotros, el ser humano. El ser humano es impredecible: le gobiernan emociones, sentimientos, contradicciones, es decir, un sistema totalmente anarquista, por lo que jamás será posible anteponerse a sus actos.
Por ello, Kiesler defendia más el otro grupo: el indeterminismo. Desde aqui se entiende el mundo como un flujo de acciones donde ni la más absoluta de las inteligencias es capaz de anteponerse. En decir, el mundo se percibe como un sistema abierto, con infinitas posibilidades y soluciones, donde la sociedad esta compuestas por personas diferentes e impredecibles.
Desde el punto de vista de la arquitectura estas ideas se pueden aplicar en ambos casos. La arquitectura pasada siempre fue rigida, pautada, ordenada, con una función y un programa único e invariable. Incluso en el modernismo, el gran choque en la historia de la arquitectura, esta sigue siendo determinista: las casas eran proyectadas por arquitectos de forma racional para un habitante objetivo, que poco se adaptaba a su modo de vida y que el arquitecto, gracias a su nueva obra, deba la oportunidad de aprender comportamientos que haría de su vida mucho más gratificante.
Vista del interior de la casa Farnsworth




Por ello, hoy en dia la arquitectura tiene que cambiar. La arquitectura ha de ser libre y abierta a una sociedad donde cada individuo es diferente. Debe estar expuesta al cambio, a nuevas formas de vivir el espacio, y capaz de adaptarse a las diferentes actitudes de los usuarios.
Vista del interior de la obra de Fujimoto
Me gustaría terminar este post con una frase final: “La obra no se completa con su construcción, sino que la acción de sus usuarios terminará indefinidamente de construirlo.”