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Escritos

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Estudiamos arquitectura, somos arquitectos. Proyectamos, pensamos… ¿Pero el qué?-
La faceta del arquitecto contemporáneo falla. Le falta algo. Abrimos revistas y encontramos edificios bellos. Pero sigue faltando algo. No es un problema de estética o gusto, eso esta sobradamente conseguido. Quizás sea ese el problema.
Proyectamos y construimos espacios, espacios con un fin. Pero el arquitecto no debería conformarse con ello. Queremos ver la arquitectura como un arte, pero normalmente no es así. Si visitamos una exposición de cualquier arte, la estética importa, pero no es el fin. El fin es el manifiesto que viene detrás, el mensaje.
La gran obra nace de fundamentos. Vivimos en una sociedad que ha cambiado radicalmente: consumista, marcada por la sobreinformación, por las telecomunicaciones, por la tecnología…pero la arquitectura no le acompaña.
Si se puede dibujar con pantallas, láseres, con luz y con información, por qué no proyectamos también con ello. No digo que no exista, pero se echa en falta. Pocos son los arquitectos que escriben sobre la sociedad, sobre los problemas, sobre la manera de vivir. Algunos como Rem Koolhaas, Toyo Ito, o Sanaa han cambiado la forma de ver y entender la sociedad, y sus proyectos lo reflejan. Por ello son buenos, por ello sus proyectos fallarán menos, porque les acompañan un manifiesto.
Así que si queremos entender la arquitectura como arte, esta tiene que ser capaz de transcender, pues como se dice: La arquitectura es el reflejo de una época.

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Después del post de hace unos dias, donde mostraba el video The third and the seventh, me puse a pensar en la carga de las imágenes, de la luz, de los materiales, de la música. Leyendo sobre el autor, en una entrevista, este decía que le fue de gran inspiración el libro “El elogio de la sombra” de Tanazaki. Así que si queria comprender mejor el sentido del video tendría que releer el libro.

El ensayo, corto pero intenso, trata de una reflexión del arte japonés. De la búsqueda del pequeño detalle, de la fuerza de la penumbra y la sombra, de la belleza del paso del tiempo y del desgaste.

Tanazaki, continuamente para apoyar sus argumentos y enlazar sus ideas, se vale de ejemplos, por lo que podemos leer acerca del teatro, de la vestimento, de la mujer y de la arquitectura japonesa.
Pero lo que más me llamó la atención del libro esta vez, no fue una afirmación que escribiese, sino la única pregunta que lanza al lector y la deja abierta en todo el escrito, sin respuesta.

¿Qué hubiera pasado si oriente y occidente se hubieran desarrollado independientemente?. ¿Qué hubiera pasado si a finales del siglo XIX, en la época Meiji, Japón no hubiese implantado las ideas occidentales de América y Europa?, ideas que abarcaban absolutamente todo, desde la política, la reestructuración social, la “modernización” de la economia, el militarismo, las universidades, el sistema de correos, y lo que es más importante, la ciencia junto con la tecnología y la industria occidental.
Así Japón, como ejemplo de país oriental, rechazó toda su cultura, su forma de vivir, de estructurarse, de pensar, de relacionarse y de evolucionar.

Tanazaki pone un ejemplo básico pero totalmente chocante: el estilográfica.
El revolución del estilográfica se basó en la creación de un objeto con punta metálica que segregaba tinta azul. Pues bien, si la invención de la estilográfica hubiese sido oriental, esta claro que el pincel sustituiría a la fría punta metálica, y la vulgar tienta azul hubiera cambiado por una tienta china. Esto hubiese condicionado que el papel tuviera que ser de una mayor calidad, y la caligrafía hubiese sido la sensual caligrafía oriental, con gestos, movimientos, aquella caligrafía que tal importante es el gesto que queda en el papel como el gesto que baila en el aire. Dicha caligrafía hubiera condicionado tambien un lenguaje diferente, por lo tanto hubiera cambiado nuestra forma de hablar, de pensar y de entender. Incluso, la poesia, y con ella el arte hubieran sido diferentes. ¿O es que un haikú no es bello?.
Con esto se demuestra que con una punta metálica y una tinta azul, objetos insignificantes, las repercusiones son infinita.

Así que para terminar, dejar reflexionar sobre lo dicho: ¿Cómo seria el mundo con culturas, ciencias, industria totalmente independientes y diferentes?. ¿Acaso la globalización tiene ventajas? Si es así, esta claro que vivimos en un mundo que tiende hacia la homogeneidad, hacia la repetición, hacia lo unificación, la unificación de la sociedad, del pensamiento, del desarrollo, del arte. (Quizás por ello la religión este hoy en dia tan en conflicto).
Sinceramente, creo que la homogeneidad ha llegado: todos tenemos internes, facebook, en cualquier sitio hay un McDonals, y quién no tiene un móvil o una tele.

¿Es que un europeo, un americano y un oriental no piensan, viven, se relacionan, comen y se viste iguales?

…es lo que tiene le globalización…



La casa sin fin actua como punto de reflexión en un momento donde existen dos maneras de ver el mundo:
La primera es desde el punto determinista: Laplace, capitán defensor de este equipo, anunciaba que cualquier cosa de este mundo se rige bajo leyes. Por ello, todo esta marcado por un sistema, de tal forma que si existiese una inteligencia absoluta, capaz de saber las leyes del universo, seria capaz dicha inteligencia de predecir cualquier momento del futuro, e incluso, entender tambien su pasado.
Acorde con esto, el ser humano, ante su limitada inteligencia, no es capaz de adelantarse al perente, y de aquí nace el estudio del azar y la probabilidad.
Esta idea a prioiri, no suena mal, sin embargo, cuando nos ponemos a profundizar, vemos que falla en varios campos, uno de ellos, nosotros, el ser humano. El ser humano es impredecible: le gobiernan emociones, sentimientos, contradicciones, es decir, un sistema totalmente anarquista, por lo que jamás será posible anteponerse a sus actos.
Por ello, Kiesler defendia más el otro grupo: el indeterminismo. Desde aqui se entiende el mundo como un flujo de acciones donde ni la más absoluta de las inteligencias es capaz de anteponerse. En decir, el mundo se percibe como un sistema abierto, con infinitas posibilidades y soluciones, donde la sociedad esta compuestas por personas diferentes e impredecibles.
Desde el punto de vista de la arquitectura estas ideas se pueden aplicar en ambos casos. La arquitectura pasada siempre fue rigida, pautada, ordenada, con una función y un programa único e invariable. Incluso en el modernismo, el gran choque en la historia de la arquitectura, esta sigue siendo determinista: las casas eran proyectadas por arquitectos de forma racional para un habitante objetivo, que poco se adaptaba a su modo de vida y que el arquitecto, gracias a su nueva obra, deba la oportunidad de aprender comportamientos que haría de su vida mucho más gratificante.
Vista del interior de la casa Farnsworth




Por ello, hoy en dia la arquitectura tiene que cambiar. La arquitectura ha de ser libre y abierta a una sociedad donde cada individuo es diferente. Debe estar expuesta al cambio, a nuevas formas de vivir el espacio, y capaz de adaptarse a las diferentes actitudes de los usuarios.
Vista del interior de la obra de Fujimoto
Me gustaría terminar este post con una frase final: “La obra no se completa con su construcción, sino que la acción de sus usuarios terminará indefinidamente de construirlo.”

El diagrama es un esquema usamos todos siempre que tenemos una idea. Es la idea es su forma más básica: no tiene escala, forma, material. Tan solo trata aquella información pura en la cual se basa la idea.
Así, el diagrama primero del arquitecto sera el espacio, un espacio como hemos dicho antes sin forma, sin escala, son materialidad, sin dimensiones.
En mi caso, he empezado por un esquema de lo que para mí era más determinante en mi proyecto, las funciones. Empezando desde la plata, ya que creia que era lo que más convivia con mi idea y poco a poco, realicé varios esquemas hasta llegar al punto que más o menos entendia que funcionaba.


Pero pronto me dí cuenta que lo importante a tratar de mi proyecto no eran los espacios funcionales, sino la interelación de dichos espacios entre ellos: como se unen, como se separan, como conviven, como se ordenan, como se superponen.

La unión de dos espacios crea un tercer espacio, una frontera donde se mezclan los usos y surge una nueva forma de vivir el espacio, no es A ni B, sino la suma de ambos, con el doble de posibilidades.
Por ello, a partir de aqui, modifiqué el concepto de diagrama “fijo” (aquel diagrama que perdura en el papel) y trabajé con el diagrama “móvil”:
Un esquema de funciones, donde la unión de estas se entiende en cada punto brillante, que a su vez rotan y permiten jugar y modificar los espacios, otorgando la posibilidad de tener infinitas soluciones.
Por otra parte, el proyecto ha ganado en cuanto a que este sistema, de alguna forma, hacia énfasis tambien en los espacios no utilizados, es decir, los espacios que quedan vacios entre los usos, los cuales enfatizan más aún la idea de espacios intermedios.

Kiesler (John Frederick Kiesler, austro-húngaro 1890). Empezó como estudiante de arquitectura en 1908, pero nunca llegó a acabar sus estudios. Ganándose la vida escenógrafo pronto conoció al famoso y vanguardista arquitecto Adolf Loos, quien le ayudó a entrar en el movimiento moderno de De Stijl, acercandose así a numerosos artistas. Más adelante emigra a EEUU acompañado de su esposa donde consigue un importante puesto de investigación en la universidad de Columbia, donde permanecerá el resto de su vida hasta su muerte en 1965.

Con un interesante y vanguardista trabajo destaca la “casa sin fin” (Endless House). Una potente tesis enunciada en la década de los 50, donde expone una nueva concepción de ver la casa, la aquitectura, desde un punto de vista experimental y filosófico, creando no una solución concreta, sino una respuesta de casa, capaz de adaptarse a condiciones variables del ser: representar necesidades en estado en permante cambio, investigaciones con espacios adaptados y adaptables, no constantes, que reunen las cualidades que justifica su construcción, es decir, desarrollando como su nombre indica, una casa “sin fin”.
Debido a esta exposición existe un libro llamado Kiesler, la casa sin fin 1950-1959, escrito por José Alfonso Ballesteros Raga (Ed. Arquitectura ausente s. XX), donde el autor hace una breve, pero interesantisima referencia a conceptos que acompañan al trabajo de la casa sin fin, conceptos como el indeterminismo, lo informal, lo infinito, o lo “trans”, conceptos que hoy en dia estan abiertos al debate y a la reflexión.
Por ello, poco a poco iré escribiendo después de esta pequeña introducción sobre cada tema, intentando acompañar cada post de una pequeña reflexión o comentario personal.
Por último, un par de imágenes de bocetos del trabajo de la casa sin fin:


Existes múltiples formas de ver la ciudad: por planos, a través de estadisticas, de su tramado, de sus dimensiones, del estudio de sus habitantes. Pero en el fondo, todo ello termina siendo una reconstrucción de los datos.
Todos esta información numerica, se encuentra muy distante de lo que en verdad es una ciudad: un lugar donde transcurren acciones, flujos, movimientos, pensamientos, vidas, transformaciones.
Todo esto lo he podido ver realmente reflejado en el trabajo de Eric Fischer, donde realmente, con sus diagramas se comprende perfectamente el alma verdadera de cada ciudad, lejos de planos turisticos y de barrios acotados:
(Madrid)

(Barcelona)
Su trabajo recoge los puntos donde la gente ha tomado fotografias que luego más tarde ha subido a Picasa y a Flickr.
El estudio no se queda ahi, sino que Eric Ficher ha logrado crear dos ciudades: el color azul corresponde a los ciudadanos de aquella ciudad, mientras que el color rojo refleja el flujo de gente que es turista. (de color amarillo la gente que no se sabe con certeza si es ciudadano o turista).
Por último, todas las imagenes tienen las mismas dimensiones, que representan un cuadrado de 15 millas de lado, lo cual ofrece que se puedan contrastar varias ciudades.
Otras ciudades:
(Venecia)


(Tokio)

(NY)