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Archivos Mensuales: octubre 2012

Hubo un tiempo en que la memoria visual de un individuo se limitaba al patrimonio de sus experiencias directas y  a un reducido repertorio de imágenes reflejadas por la cultura; la posibilidad de dar forma a mitos personales nacía del modo en que los fragmentos de esa memoria se combinaban entre sí, ensamblándose de maneras inesperadas y sugestivas. Hoy la cantidad de imágenes que nos bombardea es tal que no sabemos distinguir ya la experiencia directa de lo que hemos visto unos pocos segundos en la televisión.

Estas palabras del escritor italiano Italo Calvino (1923-1985), perteneces al cuarto capítulo “Visibilidad” del libro Seis propuestas para el próximo milenio, con las que el autor nos introduce en su visión de la imaginación.

Me pregunto: ¿Acaso la imaginación esta desapareciendo, esta muriendo?

Como dice Calvino (hace ya más de 25 años), antes la imaginación de un individuo correspondía a la divagación y libre pensamiento sobre un tema que nadie jamás había visto o descubierto. Así, una persona tiempo atrás era libre de imaginarse como sería la luna, la infinidad del espacio o el comportamiento interno de una célula.

Sin embargo, hoy en día, en el mundo tan visual que vivimos, capaces de reproducir cualquier imagen digitalizada y asemejándola a la realidad, ya no distinguimos realidad de ficción.. Cualquier rincón del espacio puede ser fotografiado,  las profundidades oceánicas ya no guardan apenas misterio, la arquitectura resulta ser mejor en los renders y fotomontajes que en la propia realidad y las películas nos asombran cada vez más con escenarios imposibles y efectos especiales asombrosos. Esta “hiperrealidad” ha acostumbrado a nuestro cerebro a una total ausencia de ilusión, convirtiéndonos en receptores pasivos de imaginación.

Ya nadie sueña con espacios que solamente él es capaz de habitar, con sensaciones que únicamente él es capaz de vivir, con fronteras que solo él con su imaginación es capaz de traspasar.

De esta forma, cada día nos acercamos cada vez más a máquinas frías e insípidas donde nos tienen que programar e introducir nuestros propias fantasías y sueños.

La imaginación esta siendo asesinado.

Muchos ya no somos concientes, pero hace unos años, cuando queríamos enviar una carta a alguien teníamos que ir a la oficina de correos, cuando necesitábamos consultar un determinado libro teníamos que acercarnos a la biblioteca, cuando queríamos enterarnos de la actualidad, teníamos que comprar el periódico en el kiosco más cercano. Cuando queríamos ver una exposición, teníamos que visitar un museo, incluso cuando queríamos conocer una ciudad, era necesario viajar a ese determinado lugar.

Por lo tanto era necesario desplazarse, el abandonar un lugar y mover nuestro ser hasta un lugar determinado, un lugar público. Lo cual demandaba tiempo, medios, y creaba un momento y un espacio intermedio. Un viaje entre acciones que se reflejaban en un paseo, un recado, un trayecto o incluso un propio viaje. Una transición.

Ahora existen una naturaleza conformada por la tecnosfera (servidores que almacenan infinitos bytes de información, una amplia red de cables que unen cualquier rincón, nubes portadoras de sincronización permanente) con la que podemos acceder a cualquier tipo de información al instante.

Ahora es posible mandar y recibir emails, tweets, sms en cualquier momento, leer el libro que necesitas en cualquier idioma, saber las noticias del otro lado del globo en el instante que acontecen. Tener acceso a cualquier imagen con tan solo unas pocas palabras, e incluso simular una visita con diversos mapas, imágenes y modelos de cualquier rincón del mundo, en difinitiva acceso a una realidad virtual.

Todo esto al instante, en cualquier lugar, todo esto sentados desde nuestro váter.