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Archivos Mensuales: diciembre 2010

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Estudiamos arquitectura, somos arquitectos. Proyectamos, pensamos… ¿Pero el qué?-
La faceta del arquitecto contemporáneo falla. Le falta algo. Abrimos revistas y encontramos edificios bellos. Pero sigue faltando algo. No es un problema de estética o gusto, eso esta sobradamente conseguido. Quizás sea ese el problema.
Proyectamos y construimos espacios, espacios con un fin. Pero el arquitecto no debería conformarse con ello. Queremos ver la arquitectura como un arte, pero normalmente no es así. Si visitamos una exposición de cualquier arte, la estética importa, pero no es el fin. El fin es el manifiesto que viene detrás, el mensaje.
La gran obra nace de fundamentos. Vivimos en una sociedad que ha cambiado radicalmente: consumista, marcada por la sobreinformación, por las telecomunicaciones, por la tecnología…pero la arquitectura no le acompaña.
Si se puede dibujar con pantallas, láseres, con luz y con información, por qué no proyectamos también con ello. No digo que no exista, pero se echa en falta. Pocos son los arquitectos que escriben sobre la sociedad, sobre los problemas, sobre la manera de vivir. Algunos como Rem Koolhaas, Toyo Ito, o Sanaa han cambiado la forma de ver y entender la sociedad, y sus proyectos lo reflejan. Por ello son buenos, por ello sus proyectos fallarán menos, porque les acompañan un manifiesto.
Así que si queremos entender la arquitectura como arte, esta tiene que ser capaz de transcender, pues como se dice: La arquitectura es el reflejo de una época.

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“…Kublai era un atento jugador de ajedrez; siguiendo los gestos de Marco observaba que ciertas piezas implicaban o excluían la vecindad de otras piezas y se desplazaban siguiendo ciertas líneas. Desentendiéndose de la variedad de formas de los objetos, definía el modo de disponerse los unos respecto los otros sobre el pavimento de mayólica. Pensó: “si cada ciudad es como una partida de ajedrez, el día que llegue a conocer sus leyes poseeré finalmente mi imperio, aunque jamás consiga conocer todas las ciudades que contienen.”

Las ciudades invisibles (Italo Calvino) pág 131.